martes, 13 de octubre de 2015

CAMINAR EN EL DESIERTO



De repente te necesito más que al agua

pero ya se hizo la noche

y no tengo tu luz
simplemente oscuridad todo es

Se me vino el invierno
y ya no tengo el calor de tus abrazos
Ya a miles de kilometros te encuentras
solo por que no supe decirte que si

La tristeza me inunda por completo
y no tengo el salvavidas de tus besos
ya es tarde para salir a buscarte
ya no sabria donde encontrarte

Mi pecho una hoguera es
arderá eternamente en tu espera
pero ya te he dejado partir

y no creo nunca volver a vivir


martes, 3 de febrero de 2015

Interior Porteño

Saber folclore es un deber moral para los argentinos y sin que nos demos cuenta nos lo imponen desde chicos en las escuelas, por eso fue que esa noche decidí sin demasiado entusiasmo ir a la peña. Bueno por eso y por ella, una correntina con la que había estudiado Historía Argentina, y la aprobamos los dos con 7. Me acuerdo que después de rendir le pregunte de ir a tomar una birra, para festejar pero me dijo que tenía que viajar a su pueblo esa misma tarde, así que el momento que esperaba nunca se dio.
Lo que más me gustaba era juntarme a estudiar en su casa y que me recibiera en calzas, y con una cara de vergüenza disfrazada de picardía, me diga siempre lo mismo -Perdona la facha, me acabo de levantar. Y se reía, para darme entender la noche que había tenido ayer. El peor momento del día era el mediodía, cuando después de una larga ausencia volvía, arreglada y me decía: -Vamos a comprar algo para almorzar? Me estoy muriendo de hambre. Y era verdad, porque muchas veces comía más que yo y cuando esto pasaba me volvía loco, porque al parecer en sus pagos que una mujer coma más que vos es de poco hombre.
Obvio que después de esas milanesas con fritas, como buena Correntina, me obligaba a dormir la siesta, obvio me tocaba dormir en el cuarto de la hermanita, ay ay lo mal que la pasaba. Mi imaginación jugaba como un chiquito recién curado de paperas en el primer día que lo dejan salir de la casa. Después de la siesta era el mejor momento, porque ella que todavía estaba un poco dormida y yo que casi no había dormido, aprovechaba que tenía la guardia baja. Y sin perder tiempo mostraba mis mejores golpes, que chiste a chiste entraban como piñas de campeón mundial de peso pesado, y ese era  el único round que le podía ganar. El resto de los rounds los perdía por puntos, me era imposible poder quebrar su defensa tenía una habilidad para leer todos mis movimientos.


Así que se imaginan con la esperanza que fui a esa peña, por suerte parte de la banda me acompaño, el Pollo y el Cabe, el cantante y el bajista de Los Bipolares. Llegamos y ella no estaba, lo cual me puso un poco nervioso y preocupado, y solo me hacía la cabeza delirando con la idea de verla entrar con sus calzas y esa carita de recién levantada, sin pintar y sin peinar y me dijera con el mismo tono que usaba para explicarme los planes quinquenales de Perón, -Hola, porteñito. Ah si, por que me decía porteñito, y a mi volvía loco, tanto que tenía que tenía que pensar en mi abuela cagando para no pasar papelones. Y la muy turra lo sabía perfecto, por que cuando se aburría de estudiar y quería hacer un recreo me decía –Y entedes algo porteñito?  y yo ahí me desconcentraba y desbarrancaba. Y arrancaba a tirarle chistes, que siempre terminaban con esa frase que eran como un segundo de felicidad eterna para mi. -Son graciosos los porteños.

De repente la gente se empezó a alborotar, porque al parecer tocaban los Rolling Stone del folclore local, Los Tabaleros. No saben el griterío que surgió de esa masa de paisanos que hasta el momento habían estado casi en silencio de misa mirando a los conjuntos musicales.
Nos llamo tanto la atención, tanto que nos saco de la modorra en la que estabamos.Y el cabe ya se había emocionado y tiraba sin parar –Son unos capos estos tipos! Y todavía no había tocado ni  una nota. Yo me distraje revisando mi celular, y cuando levanté la cabeza, la vi a ella, que venía con una sonrisa a saludarme.
-Viniste, porteñito. Yo sabía que eras de los buenos, aunque comas poco. Y se rió. No me quedó opción de reírme y abrazarla, claramente el alcohol le había bajado las defensas y le di un abrazo más prolongado y cariñoso de lo habitual. Y en el oído, me dijo, tenes que oír a esta banda, es por ellos te dije que vengas acá, tienen unas letras dignas de los redondos con el ritmo de Los Chalcha, son un Flash.

Mientras me decía esto escuche una chacarera que gritaba  Me hice adicto al Crack , Me hice adicto al Crack

Cata se había quedado sentada al lado mío, yo estaba que no podía más y se me hacía imposible no mirarla. Y mientras  los temas pasaban ella me iba contando al oído de que se trataban cada uno de los temas. Y así entre los “Viste, viste los buenos que son” el recital se terminó y sin que me diera cuenta estábamos compartiendo la silla. Ni bien terminó el recital, me quede un rato en silencio procesando todavía lo que había pasado. Cata se levantó y con el mismo tono con el que me decía de ir a almorzar, me dijo: Vamos a fumar, Gon?

domingo, 11 de enero de 2015

¡Dejarse ir!

Dejarse ir...
dejarse llevar
con la frecuencia esperada

Levantamos campamento, ya que el vino se había acabado y nuestros cuerpos empezaban a enfriarse sin el abrazo de esa sustancia que viene de las tierras del sol. Las luces del planetario, no me permitían descansar la vista, por eso miraba con pasividad los patos y evitaba  su sonrisa brillante porque de una forma extraña, casi subliminal lograba encandilarme. La charla nos había llevado por caminos desconocidos, por lo menos para mi, las anécdotas sobre países y lugares que yo ni sabían que existían me habían dejado boquiabierto y la verdad casi en plena retirada.

Pero mi picardía hizo de las suyas, y si bien no logró nunca contrarrestar sus aventuras y la displicencia con la que Ella gambetaba a mis jugadores, por lo menos pudo robarle un par de risas. Igual no me disgustaba en lo más mínimo esa inferioridad, por el contrario su forma de ser me emocionaba por que demostraba que había tenido una infancia feliz y sentía que en cada palabra una pureza liberadora, una pureza que esta liberandome de muchas tensiones, tensiones que venía cargando desde hace mucho tiempo. Claramente mis traumas no tenían nada que ver con su libertad, que me hacían sentir como una radiografía expuesta ante la luz, y me permitía ver en mi hasta el más íntimo detalle. 


Comenzamos a caminar sin sentido aparente, pero en el fondo mi intuición y la naturaleza contenida de hombre citadino, nos empezaron a guiar por las calles angostas de capaz la zona más exclusiva de la ciudad. Quise o intente hacer de guía, no recuerdo bien que le dije, pero algo me preocupo por un segundo, ella ya no reía tanto, pero si me daba charla libremente y me dejaba ser. Recordé por un instante a mi tutor del secundario, a quien el colegio le asignaba un puñado de pibes para que guiará por los nebulosos caminos de la adolescencia.  Y a mi me sacaba mucho, claramente mis traumas esa noche estaban presentes pero no de una manera negativa, si no muy por el contrario totalmente superadora. La conversación en ningún momento se detuvo, salvo en el momento que por primera vez sentí el ruido de unos graves que andaban rebotando por entre los edificios. 


Frené y casi homenajeando a mis antepasados, hombres de campos todos ellos, le dije sentís eso? Les juro que fue un sentimiento, lo sentí, no lo escuche. Al principio un poco me perturbó, pero luego me emocione como un niño al que lo dejan solo en la casa por primera vez y encima lo dejan invitar  a un amigo. Entonces empezamos a caminar de forma recta, para ganarle en la carrera a la música que rebotaba en diagonales por los grandes edificios de la avenida Alcorta. Ya la voz era clara y masculina y hasta podíamos hacer suposiciones de quien podía ser la banda que estaba tocando. Intente recurrir al Twiter, pero estaba muy lento y me desalentó a confiar en él y confié en mi instinto. La llamada cada vez se hacía más fuerte, y cada vez todo me sonaba más familiar, sentía que ya había estado ahí.

Llegamos y se largo a llover, pero no me importaba por que sentía que en ese lugar algo importante iba a pasar, estaba seguro.
Y entre los rostros vi a un adolescente, lleno de acné y pude percibir que no estaba alegre, por el contrario tenía un fuego en la mirada que mostraba un odio profundo.. Gire para charlar sobre el Dj que estaba tocando con Ella que bailaba con el agua casi sin tocar la avenida. Cuando volví para buscar al adolescente que me había llamado la atención ya no lo encontré y solo recordé que tenía mi remera de los piojos que yo use por muchos años.



martes, 6 de enero de 2015

¡Hagamosnos cargo!

Luego de haber leido lo sucesido en un pequeño de polonía, llamado Jedwane. Me parecio un tipico ejemplo de cuando paga el estado las culpas de la sociedad. En le año 1941 cerca de 1.600 judíos murieron quemados en la localidad. En pleno desarrollo de la guerra mundial, nadie dudó de la responsabilidad de los nazis en esta masacre, pero ya en el siglo XXI, dos estudios demostraron que los autores habían sido los gentiles habitantes de esta localidad.
Sin llegar a puntos tan dramáticos como en este ejemplo quería demostrar algo que me acompaña en mis pensamientos diarios, que es el sobredimensionamenro de la capacidad del estado. ¿Por que digo esto? A lo que voy es que la gente delega todas las responsabilidades en el estado, lo cuál en parte esta bien, pero como podemos ver no siempre es el único responsable. Echándole la culpa nos olvidamos que atrás hay una sociedad que también es parte intrincica de la "nación" y por ende igual o más responsable que el estado. Por esto podemos concluir que el caso de Jedwbane es un claro ejemplo donde al estado le adjudican  la culpa cuando en realidad el verdadero responsable es la sociedad. Obviamente el estado tiene injerencia en todas las cosas, pero tampoco podemos esperar que nos resuelva todos los problemas, tiene que ser la sociedad civil la que también debe hacerse cargo de los problemas y bajar la cabeza y asumir la culpa. Pero claramente es más fácil echarle la culpa al estado, que siempre tiene la obligación de responder, a nosotros que podemos mirar al otro lado y hacernos los distraídos.