viernes, 12 de julio de 2013

¡El promedio no alcanza!

Hay algunas personas que creen que la moral es un promedio, donde los 1 son compensados por los 10. Entonces se juzga a las personas por el promedio, entonces si se alcanza el promedio y aprueba se puede decir que la misma es una “buena persona" o mejor dicho una persona moral, todo lo que haga está bien porque en el fondo no tiene "mala leche". Es esta la moral del promedio, donde las “cagadas” son compensadas con que es un buen tipo. Y este tipo de promedio le da cierta laxitud, para de vez en cuando sacar un 1 y que no le importa nada total en líneas generales hace las cosas bien y entonces todo el mundo, y principalmente él, se lo perdonan. 

En el fondo es como el buen alumno, que abusa del boletín de calificaciones para que no lo amonesten o le pongan un 1. Como no excede a las cosas de la vida, la mirada de cómo lo ven los demás juega un rol fundamental ya que al verlo “buen pibe” mucha gente le tiene mayor tolerancia que a otro que no tiene esa fama. Esto es como el ejemplo del buen alumno. A la universidad a la que yo fui, al dar un final cada uno dejaba la libreta con las notas anteriores. Y esa era la instancia de los profesores de juzgarte en base a tus notas anteriores, porque todos la revisaban. Por eso ya se había armado como un tradición de que los alumnos con mal historial no la mostraban decían que estaba en el instituto o que la habían perdido, aunque para los profesores hacer esto era de tránsfuga. Y claramente uno veía que eso influía en las notas que ponían, ya que por ahí ante mismas situaciones el profesor pensaba del que tenía buenas notas, no que se había equivocado o que no sabía, si no “Que estaba nervioso” o “Se debe haber peleado con la novia” o “debe estar con mucho laburo” en cambio al alumno d mal promedio se predisponía distinto. Y entonces al de buen promedio lo perdonaba, porque el resto de las notas compensaban y por eso merecía una mejor nota. A lo que voy con esto es que como tienen buena fama, sus 1 no son vistos por los demás como 1, si no como una nota más alta. Entonces son como los alumnos con promedio alto, favorecidos o recompensados por las buenas notas anteriores. 

Esto los perjudica porque ellos creen que ese 4 que sacaron por el promedio, se lo merecen y nunca asumen que hay materias o temas o actitudes en los que tienen un 1, hasta que un día se chocan contra la pared y no entienden porque. No pretendo entonces que se saquen todos 10, si no que simplemente reconozcan que pueden "bochar" y que sus cagadas no son compensadas por otros motivos de la vida.




miércoles, 16 de enero de 2013

Acuerdos cordiales I


Estos tendrían que ocurrir más seguidos, no les parece?. Solo algunas personas los entienden. Califico así aquellas actitudes que son molestas para todos y que si el otro, que también le molesta, no  te da la señal uno se siente mal de no hacerlas. El ejemplo que me genero esto es con el reemplazo que esta laburando en la puerta del laburo. Nos vamos ver dos veces por día durante15 días, hasta que vuelva el Ruben. Igualmente así ya nos preguntamos dos veces el nombre y las dos veces nos lo olvidamos.

Por esa razón es que llegamos a un acuerdo y mentalmente nos dijimos “Ya no nos vamos a acordar los nombres, hagamos que sí, dale?". Así que todos los días, ya nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida. Es más el hace que le pregunto sobre los hijos que una vez conocí y hasta me acuerdo los nombres. Y él me pregunta claro por la petisa mi novia que le cae muy simpática. Es más siempre me dice, "no la dejes". Ese es nuestro pacto, que claro nunca escribimos pero es tan firme que con solo mirarnos nos decimos todo lo que “la formalidad exige”.    

lunes, 14 de enero de 2013

¡El pase de mi vida!


Soy tan enfermo del fútbol que me siento un jugador profesional. Y así es como vivo mi carrera profesional, se los juro. Comparo mi forma de trabajar con la de algún jugador y mis cambios de trabajo como los pases que se leen en los diarios. Esta es la noticia de lo que fueron mis últimos dos pases.

Hace unos meses me sentía un Seba Battaglia del nacional B. Estaba en toda la cancha, sin brillar pero siempre la devolvía al pie. Pero después llegue a primera, Boca, me vine a préstamo. Y me toco debutar justo en la copa, porque había lesionados en el equipo. Y ese torneo la rompí, no fui la figura pero me sentí muy bien. Creo que fue porque jugaba conmigo Román, que jugaba de 10 y la verdad me hacia las cosas fáciles. Y después algunos pibes de la cantera con mucho hambre acompañaron muy bien. Y también trajeron un par de refuerzos, pibes grandes pero con mucha experiencia y ganas de sumar.

Por suerte salió todo bien en la copa y a pesar de tener complicaciones la ganamos. Y ahí llego el momento de renovar mi contrato, y tuve que decidir si quedarme en el club de mis amores, como titular indiscutido pero sin tanta exigencia. O irme a Boca,  a pelear todo (copa y campeonato) inclusive mi titularidad. Y finalmente en Octubre me decidí y deje Argentinos y me convertí en un jugador de Boca. Pegando así el pase de mi vida, no de esos que salen en la tapa de los diarios por los millones pagados. Si no de esos que definen la carrera de un jugador marcándolo dentro de los que  “pueden llegar” de los que no. Sería como le pase del Chiqui Perez a Boca. Que puede llegar a volver en meses a Belgrano o pegar el salto a Europa.

Así que acá estoy peleando por ganarme un lugar en Boca. Y así es como vivo mi día a día laboral. Me siento un Buffarini tratando de adaptarme a las exigencias que contrae jugar en un club grande. Pero claro como siempre pasa con los pibes, ´me están cuidando´ para que no me quemé. Así que me tengo que mentalizar que me falta mucho pero voy bien. Como cuesta esto!

Así que estoy arrancando de nuevo, después de haber jugado de titular en la copa y haberla ganado. La verdad que es difícil aguantarse la ansiedad por que uno se quiere comer la cancha, estar en todos lados, comerle el riñón al contrario. Pero esto es Boca y acá a los pibes se los va llevando despacito, porque este mundo exige y mucho.

 ¿Saben cuál es la diferencia? Que en el Nacional B con romperse el culo alcanzaba y bastaba. Pero acá en Boca es distinto, acá no alcanza con romperse el culo. Siempre hay algo que mejorar, ahora estoy con los mails y la redacción. Y después será el diseño de las presentaciones y después dirigir una reunión. Y así sigue la lista de las cosas a mejorar. Es decir o pulís la técnica o  te vas. 

 Y como esto es Boca siempre se pide un poco más. Lo que único que quiero es poder estar a la altura! 

miércoles, 9 de enero de 2013

¡Ascuchame pibe!


Ayer fui por primera vez a la Catedral. Y en eso de mirar a la gente bailar por qué como no sé bailar, vio. Me agarró una de esas milongueras que son como las de antes, de esas que alguna vez viste o leíste en algún libro de tango. Y ahí comenzó mi clase magistral del código no escrito de las milongas, que no cualquiera llega a conocer en profundidad. Porque el tango es uno de esos reductos donde todavía los pibes  tienen el deber de escuchar  a los mayores, y donde ser mayor no es más ni menos que saber más que cualquier purrete.  Y así fue como al susurro de ascuchame pibe comenzó el curso acelerado que me dictó la bicha.

- El tango no es un baile, para mi es mi vida ¡Así que más vale que lo respetes!- . Y empezó la perorata nomá. La piba era de Lugano que queda justo ahí donde Buenos Aires pega la curva, uno de esos barrios donde el barro te enseña a gambetear la vida. Así que ahí mismo empezó a firuletear la bicha y te juro que hacía parecer torpe al 10 más refinado. Al tango no se lo entiende, se lo baila y se lo siente corta la bocha, por eso estos gringos nunca lo van a aprender porque tienen atrofiado el lado izquierdo del pecho sabée. Me sentí bastante intimidado porque la verdad, estaba más cerca de los turistas que jugaban y se reían entre sí, que de los milongueros de pura ley. Es más, yo sentía que en cualquier momento alguno de los árbitros invisibles me iban a rajar por los codazos que estaba dando en el área chica de la pista. Pero se ve que la Bicha, como le dicen en el barrio, había apoyado su ala sobre mí, adoptándome como a su pichón, y se lo hacía sentir al resto con fiereza.

Y canción a canción, tango a tango la bicha me fue enseñando todo lo que tenía que saber para sobrevivirr en esa jungla de malandras. “Mirá pibe, la tanda la bailás entera con la mina con la que arrancaste a menos que ella se quiera ir. Si se va le decís gracias y no le insistís, está claro ¿no?” Me dijo mientras se prendía un Parisienne. No sé porque me acuerdo todo lo que me dijo y eso que nunca pude aprenderme ni uno de los versos del Martín Fierro que me pedían para la escuela. Será que al no estar escrito, uno tiene miedo a perderlo, o será que en el fondo el tango está adentro de todo porteño y a uno solo se le despierta para no dormírsele jamás. Así fue como la viví yo, lástima que la Bicha no era de Lugano si no de Villurca y no era una atorrante de barrio si no una reconocida psicóloga que fumaba Virginia Slims, para no tener mal aliento,