domingo, 11 de enero de 2015

¡Dejarse ir!

Dejarse ir...
dejarse llevar
con la frecuencia esperada

Levantamos campamento, ya que el vino se había acabado y nuestros cuerpos empezaban a enfriarse sin el abrazo de esa sustancia que viene de las tierras del sol. Las luces del planetario, no me permitían descansar la vista, por eso miraba con pasividad los patos y evitaba  su sonrisa brillante porque de una forma extraña, casi subliminal lograba encandilarme. La charla nos había llevado por caminos desconocidos, por lo menos para mi, las anécdotas sobre países y lugares que yo ni sabían que existían me habían dejado boquiabierto y la verdad casi en plena retirada.

Pero mi picardía hizo de las suyas, y si bien no logró nunca contrarrestar sus aventuras y la displicencia con la que Ella gambetaba a mis jugadores, por lo menos pudo robarle un par de risas. Igual no me disgustaba en lo más mínimo esa inferioridad, por el contrario su forma de ser me emocionaba por que demostraba que había tenido una infancia feliz y sentía que en cada palabra una pureza liberadora, una pureza que esta liberandome de muchas tensiones, tensiones que venía cargando desde hace mucho tiempo. Claramente mis traumas no tenían nada que ver con su libertad, que me hacían sentir como una radiografía expuesta ante la luz, y me permitía ver en mi hasta el más íntimo detalle. 


Comenzamos a caminar sin sentido aparente, pero en el fondo mi intuición y la naturaleza contenida de hombre citadino, nos empezaron a guiar por las calles angostas de capaz la zona más exclusiva de la ciudad. Quise o intente hacer de guía, no recuerdo bien que le dije, pero algo me preocupo por un segundo, ella ya no reía tanto, pero si me daba charla libremente y me dejaba ser. Recordé por un instante a mi tutor del secundario, a quien el colegio le asignaba un puñado de pibes para que guiará por los nebulosos caminos de la adolescencia.  Y a mi me sacaba mucho, claramente mis traumas esa noche estaban presentes pero no de una manera negativa, si no muy por el contrario totalmente superadora. La conversación en ningún momento se detuvo, salvo en el momento que por primera vez sentí el ruido de unos graves que andaban rebotando por entre los edificios. 


Frené y casi homenajeando a mis antepasados, hombres de campos todos ellos, le dije sentís eso? Les juro que fue un sentimiento, lo sentí, no lo escuche. Al principio un poco me perturbó, pero luego me emocione como un niño al que lo dejan solo en la casa por primera vez y encima lo dejan invitar  a un amigo. Entonces empezamos a caminar de forma recta, para ganarle en la carrera a la música que rebotaba en diagonales por los grandes edificios de la avenida Alcorta. Ya la voz era clara y masculina y hasta podíamos hacer suposiciones de quien podía ser la banda que estaba tocando. Intente recurrir al Twiter, pero estaba muy lento y me desalentó a confiar en él y confié en mi instinto. La llamada cada vez se hacía más fuerte, y cada vez todo me sonaba más familiar, sentía que ya había estado ahí.

Llegamos y se largo a llover, pero no me importaba por que sentía que en ese lugar algo importante iba a pasar, estaba seguro.
Y entre los rostros vi a un adolescente, lleno de acné y pude percibir que no estaba alegre, por el contrario tenía un fuego en la mirada que mostraba un odio profundo.. Gire para charlar sobre el Dj que estaba tocando con Ella que bailaba con el agua casi sin tocar la avenida. Cuando volví para buscar al adolescente que me había llamado la atención ya no lo encontré y solo recordé que tenía mi remera de los piojos que yo use por muchos años.



martes, 6 de enero de 2015

¡Hagamosnos cargo!

Luego de haber leido lo sucesido en un pequeño de polonía, llamado Jedwane. Me parecio un tipico ejemplo de cuando paga el estado las culpas de la sociedad. En le año 1941 cerca de 1.600 judíos murieron quemados en la localidad. En pleno desarrollo de la guerra mundial, nadie dudó de la responsabilidad de los nazis en esta masacre, pero ya en el siglo XXI, dos estudios demostraron que los autores habían sido los gentiles habitantes de esta localidad.
Sin llegar a puntos tan dramáticos como en este ejemplo quería demostrar algo que me acompaña en mis pensamientos diarios, que es el sobredimensionamenro de la capacidad del estado. ¿Por que digo esto? A lo que voy es que la gente delega todas las responsabilidades en el estado, lo cuál en parte esta bien, pero como podemos ver no siempre es el único responsable. Echándole la culpa nos olvidamos que atrás hay una sociedad que también es parte intrincica de la "nación" y por ende igual o más responsable que el estado. Por esto podemos concluir que el caso de Jedwbane es un claro ejemplo donde al estado le adjudican  la culpa cuando en realidad el verdadero responsable es la sociedad. Obviamente el estado tiene injerencia en todas las cosas, pero tampoco podemos esperar que nos resuelva todos los problemas, tiene que ser la sociedad civil la que también debe hacerse cargo de los problemas y bajar la cabeza y asumir la culpa. Pero claramente es más fácil echarle la culpa al estado, que siempre tiene la obligación de responder, a nosotros que podemos mirar al otro lado y hacernos los distraídos.