Pero algo me rescato de todo esto y es el Bajón, eso tan nuestro, que no es mas que una prolongación de nuestra pasión por las cosas, de nuestra pasión por la charla que hace que la previa se estire en conversaciones sin sentido que naufragan en la tormentosa noche. Y también a esa pasión por no querer terminar nunca lo que amamos, lo que disfrutamos, es decir esa desbordada emocionalidad que nos caracteriza, que hace que no le pongamos limite a nuestras pasiones, aunque eso implique que nos tengamos que deprimirnos cada Domingo que una camiseta de un determinado color pierde.
¿Donde se hace el bajón? obviamente que depende de la clase a la que a uno se le haya sido asignada, pero en muchas no si altas, bajas o medias se hace en el McDonald´s. ¿Y saben que? Me alegro, aunque no entienda que en la tierra del asado y el vino, alabemos eso que se hace llamar carne. Me alegro por que de esta manera hacemos que algo de afuera se haga nuestro tan nuestro que el señor Ronald, desde su casa en Illinois o en Alabama, nunca imagino. Y esa cadena americana por un rato deja de convertirse en la casa de Donald para ser el Bajón que un yanky nunca vivió y nunca vivirá.
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